martes, 14 de julio de 2015
Me asomo de nuevo al altar. Las piedras empiezan a desmayarse una tras otra, acosandome, golpeando con sus granadas la flor de mi piel herida. Intento contener los elementos, cierro mis brazos a su alrededor, pero su luz cada vez brilla menos. Intento no ser egoísta. Entonces me asomo al balcón, y pido disculpas a mi gente, pues con vida brotando de mis párpados debo decir que me equivoque, quizás, al elegir los elementos. Supongo que Mhairte está destinado a morir. Supongo que ya no puedo hacer nada por vosotros. Entonces salgo del colegio, que por fin ha recobrado su forma original, y paseo entre la noche sin luna, sin estrellas. Está bien así, creo yo. Ellos se hacen felices mutuamente, como de costumbre, fui fácil de sustituir. Si ellos son felices yo también lo soy. De nuevo el vacío negro. De nuevo ellos en circulo a mi alrededor. Pero esta vez no, esta vez no caeré intentando alcanzaros. Me dijisteis que me queríais, me dijisteis que no me dejariais sola. Me dijisteis que Mhairte seguiría con vida, y ya puedo ver la luz desaparecer en los ojos de sus ciudadanos. Al final, de nuevo, me lo creí. Volví a caer en la trampa. Las conversaciones desaparecen, a mi alrededor cada vez soy menos visible. No tiene sentido pensar que puedo hacer algo. Supongo que después de todo, volveremos a actuar como extraños. Supongo que después de todo, nadie echara de menos mi presencia. Supongo que después de todo, el ser humano ha vuelto a fallarme, pero siempre es culpa mía, siempre ha sido culpa mía, siempre será culpa mía. Cîwnis es la única de la que puedo fiarme después de todo. Oh, vaya. Aquí estoy, en el abismo, de nuevo. Está todo tan oscuro. ¿Que será de mi ahora que todo el mundo espera tanto? ¿Caeré otra vez? No tiene remedio. Nadie me querrá nunca, nadie se quedará a mi lado. Nadie me tapará cuando llueva, ni me protegerá del sol. Debí darme cuenta hace tiempo, de que los condenados, nacemos condenados.
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Yo te cogeré de la mano para que no caigas, taparé el aterrizar de la lluvia con mis alas,
ResponderEliminardiré al sol que no dañe la piel; sustituida por flor, que abarcas.
Que no te guíen las palabras y las miradas, pues desde lo alto del cielo, no se aprecian ambas.
Aunque desde aquí arriba, velo por tí e inclino mi mirada.