domingo, 22 de noviembre de 2015

Quiero ver en los espejos el alma de la música. Quiero pintar las témperas del rocío de las ventanas. Quiero ver las estrellas en los ojos de los búhos ciegos. Quiero ver los estanques estallar en dragones. Quiero ver las galaxias nacer de las manos de un niño. Quiero ver al ocaso llevarse a mi hermana de su mano. Quiero que se conozcan por fin la pasión y el miedo. Quiero que el ruido blanco se ahogue en mis oídos. Quiero correr como si nadie me viera. Quiero soñar de día. Quiero pensar en las madrugadas. Quiero devolver los puñales de tinta. Quiero amar con la memoria. Quiero amar en las mañanas. Quiero gritar a un campo dorado de trigos. Quiero saltar manchada de flores. Quiero escarcharme ante la belleza vieja. Quiero pisar lugares anónimos. Quiero conservar la sabiduría de los niños. Quiero sufrir ante el altar de sus manos. Quiero dejarme llevar por las nubes. Quiero que el viento rescate mis sueños. Quiero que un hálito de luz me impida caer. Quiero burlarme del negro abismo. Quiero limpiar de metralla mi espalda. Quiero acariciar liebres de campo. Quiero amanecer con olor a pan nuevo. Quiero ver a las ranas sortear los lotos sobre los estanques. Quiero sentir sobre violines el fuego de un recuerdo. Quiero sentirme gigantesca. Quiero sentirme menuda. Quiero preguntar a los árboles su nombre. Quiero abrir armarios encubiertos. Quiero dejar la puerta abierta. Quiero dejar las luces encendidas. Quiero nacer de nuevo. Quiero latir en el lago blanco. Quiero regresar a lo primario. Quiero inundar con tacto mis pensamientos. Quiero desafiar la jungla de la noche. Quiero ver difuminada la luz en el techo de mi cuarto. Quiero volar en el tiempo. Quiero creer en lugares invisibles. Quiero tejer el cielo. Quiero tocar el mundo con mis manos, y dejar en él mi recuerdo. Quiero, y es magnífico saber que tras mucho tiempo, no es uno sólo mi deseo. Ya que por encima de todo, sorprendentemente, lo que más quiero, es que nada acabe aquí.