miércoles, 24 de junio de 2015

Cerca. ¿Por qué aunque lejos esté, siempre me siento demasiado cerca? Los ecos desbocados que golpean mi pecho, casi son audibles, y recuerdan a la lágrima que retumba sobre el suelo de una cueva huérfana. Me advierten, por un momento la lógica hace presencia y me prohíbe mirarla, pero me resigno, me niego a parar. El tiempo, ese gran amo del ser humano, libra en estos momentos, y me quedo perdida en un tornado de reflexiones del que no puedo salir. ¡Ay, si tan solo ella alcanzara a comprender! Aunque, no la culpo, puesto que ni yo misma podría describir lo indescriptible, y la palabra “querer”, dimensiones esconde, eso es cierto, pero para mí en este instante, y siendo yo como soy de compleja, simplemente no expresa el sentimiento. El rayo de luz que atraviesa la tormenta, anunciando su fin. El aroma primero de los azahares, tras un duro invierno. El arrullo de las olas salitres, en la noche estival, que calma, y a la vez, desasosiega. La risa cristalina que vence a los demonios cotidianos, que demuestra lo absurdo que es el sentido común. Cada gota de lluvia, fecundando la tierra y nutriendo a las fuentes, alivio de mi sed. La fruta fresca aliada a la margarita. Todo eso y más me sugiere su nombre. Y desearía huir, correr lejos, y quedarme junto a mi cordura, pero a la vez quisiera, de su lado, jamás separarme.

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